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Stefano Books | 30, Abril, 2026

Entrevista a Silvia Aliaga, autora de El verano que nunca fue

El verano que nunca fue, la nueva novela de Silvia Aliaga, se publicó el 10 de marzo de mano de Stefano Books y para celebrarlo hemos hablado con Silvia sobre los temas centrales de la historia, los personajes y su proceso como escritora.

¿Qué te inspiró a situar tu novela en Villa Diodati, en 1816, en un momento tan cargado de creatividad literaria?
Villa Diodati siempre me ha parecido uno de esos lugares en los que la literatura casi adquiere una presencia física. Allí coincidieron Mary Shelley, Byron, Percy Shelley y Polidori durante un verano extraño, tormentoso y casi irreal, y de ese encierro nacieron algunas de las imágenes más poderosas de la literatura fantástica. Me fascinaba la idea de partir de un episodio histórico que ya parece una novela en sí mismo. Quería entrar en ese escenario tan cargado de mito, para preguntarme qué más pudo ocurrir en aquella casa, qué secretos pudieron quedar ocultos entre sus paredes.

La novela juega con la idea de cambiar el curso de la Historia. ¿Qué te interesa explorar con este motivo de alteración del tiempo?Me interesaba explorar, sobre todo, la dimensión íntima de esa pregunta. Cuando pensamos en cambiar la Historia solemos imaginar grandes acontecimientos, pero en el fondo siempre hay algo profundamente humano detrás: el deseo de corregir una pérdida, evitar una tragedia o salvar a alguien. En la novela quería abordar esa tensión entre lo colectivo y lo personal: hasta qué punto tenemos derecho a alterar el pasado, qué precio tendría hacerlo y si realmente seríamos capaces de aceptar las consecuencias. 

La obra presenta a personajes históricos de renombre y también a personajes originales como Elisabeth Müller y Julian Adler. ¿Cómo fue abordar personajes reales junto a protagonistas ficticios?
Fue uno de los mayores retos, pero también una de las partes más estimulantes del proceso. Con los personajes históricos sentía una responsabilidad especial: quería que resultaran reconocibles, verosímiles y fieles a lo que sabemos de ellos, pero sin convertirlos en figuras rígidas o intocables. Necesitaba que respiraran dentro de la novela. Al mismo tiempo, los personajes ficticios me daban libertad para entrar en la historia desde otro ángulo. Elisabeth y Julian funcionan, en cierto modo, como puentes: permiten que el lector se acerque a ese universo histórico desde una mirada emocional y narrativa propia. Me gustaba mucho ese diálogo entre lo real y lo inventado, porque al final la novela se mueve precisamente en ese territorio intermedio.

¿Cuánto tiempo dedicaste a documentar el contexto histórico frente a desarrollar la trama fantástica?
Para mí ambas cosas estuvieron muy entrelazadas desde el principio. Hubo un trabajo importante de documentación sobre la época, los personajes reales, el ambiente de Villa Diodati, las tensiones intelectuales y emocionales de aquel círculo, y también sobre el contexto del otro plano temporal de la novela. Pero no viví la documentación como una fase separada, sino como parte misma de la construcción de la historia. A medida que investigaba, iban apareciendo nuevas posibilidades narrativas. En realidad, la parte fantástica necesitaba apoyarse en una base histórica sólida para resultar convincente. 

¿Qué esperas que permanezca en el lector una vez cerrada la última página?
Me gustaría que quedara, ante todo, una sensación de extrañeza y de emoción. Que el lector sienta que ha recorrido una historia de misterio, de atmósfera y de preguntas profundas, pero también que algo de ella continúa resonando después. Ojalá permanezca esa idea de que la literatura, la memoria y el tiempo están mucho más unidos de lo que creemos. Y también me gustaría que quedara una emoción muy concreta: la de haber acompañado a personajes que intentan comprender qué hacer con el dolor, con el pasado y con aquello que ya no puede deshacerse del todo.

Y, para terminar, si tuvieras que definir la novela con una sola frase, ¿cuál sería?
Una novela sobre la noche en que la literatura imaginó monstruos… y el tiempo abrió una puerta aún más peligrosa.

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